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La Casa del Alérgico/Consejos y tratamientos/Tratamientos/Inmunoterapia
  21/08/2003
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Inmunoterapia

La inmunoterapia, popularmente conocida como "vacunas", es el único tratamiento etiológico capaz de disminuir la respuesta del individuo alérgico frente al alergeno y cambiar, así, el curso natural de la enfermedad alérgica.


Consiste en la administración de cantidades crecientes de alergeno a un sujeto sensibilizado al mismo, para disminuir la respuesta alérgica, mejorar la sintomatología y reducir el uso de medicación sintomática.


Su forma de actuación se basa en diferentes mecanismos: modifica el perfil de linfocitos T helper de Th2 (característico de la inflamación alérgica) a Th1 (implicado en la defensa de procesos infecciosos clásicos). En consecuencia, reduce los niveles de la inmunoglobulina E e inhibe la activación de los eosinofilos (elementos clave en el desarrollo de la reacción alérgica). Además, disminuye el número y activación de otras células inflamatorias (como los mastocitos y basofilos), aumenta la producción de otras inmunoglobulinas (IgG) de posible efecto bloqueante sobre el alergeno y modifica los niveles de diferentes moléculas como el CD40 (que permite la unión del linfocito B al T) o el CD23 (receptor de baja afinidad para la IgE), favoreciendo también el descenso de IgE.


La inmunoterapia no debe emplearse en todos los pacientes alérgicos, por lo que el alergólogo debe valorar cada caso de forma individualizada. Sus indicaciones son:



  • Rinitis, conjuntivitis y asma por alergenos ambientales (pólenes, ácaros, algunos hongos y epitelios de animales).
  • Reacciones graves por picadura de himenópteros (abejas y avispas).
  • Ciertas enfermedades profesionales como el asma del panadero.

De igual modo las contraindicaciones de la inmunoterapia son relativas. Así, el alergólogo debe valorarlas en cada paciente y, para ello, habitualmente se tienen en cuenta las siguientes condiciones:



  • Niños menores de 5 años, excepto en el caso de hipersensibilidad a veneno de himenópteros.
  • Embarazo: No está contraindicada la continuidad de la inmunoterapia pero no se debe comenzar su administración durante la gestación.
  • Enfermedades inmunopatológicas e inmunodeficiencias severas.
  • Enfermedades tumorales.
  • Trastornos psicológicos severos.
  • Asma grave o mal controlado.
  • Cualquier enfermedad o situación que contraindique el uso de adrenalina.
  • Mal cumplimiento terapéutico.

Se distinguen varios tipos de inmunoterapia de acuerdo con diversos criterios:


Por el método de preparación:



  • Acuosos: Tienden a usarse cada vez menos.
  • Depot: Se liberan lentamente en el sitio de la inyección, precisándose así un número menor de dosis. Son los más usados actualmente.
  • Modificados: Sometidos a modificación química para intentar disminuir los efectos secundarios.

Por la vía de administración: La más empleada es la inyección subcutánea. En los últimos años también se han desarrollado extractos para administración vía sublingual. Otras opciones (tópica nasal, bronquial y oral) no están suficientemente comprobadas.


Por el tipo de pauta:



  • Preestacional: En pacientes alérgicos al polen se realiza de acuerdo al calendario de polinización, de modo que se suspende al iniciarse dicha polinización.
  • Perenne: Se administra durante todo el año y se emplea con alergenos presentes todo el año o en pacientes polínicos en los que no se suspende el tratamiento durante la polinización.

La inmunoterapia debe administrarse de acuerdo con la pauta propuesta por su alergólogo o, en su defecto, por el laboratorio fabricante. La duración media del tratamiento es de 3 a 5 años o, al menos, hasta que el paciente presente dos años de franca mejoría. Sin embargo, en la actualidad no se recomienda mantener un mismo extracto más de 5 años seguidos.


Eficacia y seguridad son los pilares fundamentales sobre los que se asienta la utilidad de cualquier tratamiento médico. Así, cuando la inmunoterapia se prescribe correctamente de acuerdo con las indicaciones señaladas, se utiliza un extracto apropiado y se administra bajo control del alergólogo, es eficaz en más del 85% de los casos.


Muchos trabajos científicos avalan estas cifras, especialmente en vacunas con venenos de himenópteros, pólenes, ácaros y algunos epitelios. Esta mejoría se percibe en una disminución de la sintomatología y del uso de medicación sintomática, así como en un descenso de la sensibilidad de los órganos diana en provocaciones específicas (nasal, conjuntival y/o bronquial) con el alergeno. Además, se ha comprobado que la inmunoterapia previene el desarrollo de asma bronquial en pacientes sólo con rinitis alérgica.


El efecto protector de la inmunoterapia se prolonga en el tiempo más allá del momento de interrumpir el tratamiento. Estudios recientes señalan un periodo de al menos 5 años tras la suspensión. La mayor parte de las recidivas de la sintomatología suceden por nuevas sensibilizaciones a otros alergenos.


La inmunoterapia además es un tratamiento seguro cuando se emplea bajo supervisión del alergólogo y de acuerdo con unas normas básicas. Sus únicos efectos secundarios son la aparición de nódulos subcutáneos en la zona de inoculación tras tratamientos prolongados, (secundariamente al aluminio con el que se prepara) y posibles reacciones alérgicas con el extracto administrado, que pueden ser:



  • Reacciones locales: Son las más frecuentes (15%) y pueden ser inmediatas (en los primeros 30 minutos) o tardías (al cabo de varias horas). Aparecen en forma de eritema e induración en torno al punto de inyección, con un diámetro mayor de 5 cm (en el primer caso) o de 10 cm (en las segundas). Se puede aplicar hielo local y tomar algún antihistamínico si fuera muy molesto. Debe consultar al alergólogo un posible cambio de pauta, pero raramente es preciso suspender el tratamiento.
  • Reacciones sistémicas: Son excepcionales y menos frecuentes que las reacciones alérgicas de ciertos medicamentos comúnmente empleados. Casi siempre ocurren dentro de los primeros 30 minutos tras la administración del extracto. La mayoría suelen ser leves (urticaria, rinoconjuntivitis, asma leve), pero en ocasiones son más intensas (crisis de asma grave, anafilaxia). Deben ser tratadas de forma inmediata con adrenalina, corticoides y/o antihistamínicos, según el caso. La administración de un tratamiento adecuado precoz asegura el control de la reacción.

Las posibles causas de estas reacciones suelen ser la concentración o estandarización inadecuada del extracto, falta de cumplimiento de las indicaciones y contraindicaciones recomendadas, y los errores en la administración. Sin embargo, existen casos imprevisibles, por lo que es necesario siempre seguir unas normas o consejos de seguridad:



  • La prescripción debe ser realizada siempre por el alergólogo.
  • Tanto el paciente como el personal de enfermería deben estar suficientemente informados de las características del tratamiento.
  • No se debe administrar el extracto si no se dispone de adrenalina.
  • El paciente debe disponer de una cartilla para anotar la fecha y la dosis administrada.
  • No se administrará nunca el extracto en el domicilio, siempre en un centro de salud, clínica o consulta del especialista.
  • El extracto se debe conservar en la nevera, pero nunca en el congelador.

Antes de la administración del extracto:



  • Comprobar el estado clínico del paciente (situación actual de su asma, infecciones respiratorias,...).
  • Comprobar el tiempo transcurrido desde la última administración del extracto y si hubo reacción local.
  • Evitar inyectar dos extractos diferentes el mismo día.
  • Retrasar la inyección del extracto dos semanas cuando se ha administrado una vacuna de virus vivos.

Después de la administración del extracto:



  • Permanecer, al menos 30 minutos, en el centro donde se ha recibido la dosis y comentar siempre la aparición de cualquier síntoma.
  • No realizar masaje y evitar el rascado en la zona de la inyección.
  • No realizar ejercicio físico, baños de agua caliente ni exposición solar en las tres horas siguientes a su administración.

La tolerancia en la inmunoterapia vía sublingual es muy buena y puede administrase en el domicilio al no estar descritas reacciones sistémicas. Sin embargo, exige un grado de cumplimiento máximo porque las pautas oscilan entre la toma diaria y tres veces por semana mínimo.






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