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La Casa del Alérgico/Reportajes
  25/08/2003
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Apuntes de verano: La alergia al sol

En esta época del año, el sol se convierte en protagonista tanto de sueños vacacionales como de pesadillas por las posibles reacciones de nuestro organismo. La llamada alergia al sol, fuera del ámbito médico, da lugar a muchas interpretaciones que producen una enorme confusión entre la gente cuya piel responde de alguna manera ante las exposiciones solares. Así, la alergia al sol es infrecuente, pero hay muchos procesos dermatológicos que se ven empeorados por el sol, no como última causa etiológica, sino como desencadenante.

La verdadera alergia al sol comprende sólo aquellos trastornos en los que una alteración del sistema de defensa del individuo o sistema inmunológico es responsable de la aparición de las lesiones tras la exposición a la luz solar. En este sentido, Consuelo Martínez Cócera, Presidenta de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) y miembro del comité editorial de lacasadelalergico.com, afirma que "la mayoría de los procesos que produce el sol son por su propia acción sobre la piel (tóxicos, simples quemaduras, acciones irritantes,...) pero la mayoría de ellos no son alérgicos".

Para la doctora Martínez Cócera, "la verdadera alergia al sol es la que se produce con una mínima exposición que provoca un cuadro urticariforme, la mayoría de las veces, con intenso picor y que se repite siempre que se expone uno al sol con la misma intensidad. No se trata de un cuadro que evoluciona a peor en sucesivas exposiciones, sino que se repite habitualmente, siendo la lesión principal de la piel la roncha".

En este sentido se manifiesta también Marta Herrera, dermatólogo de la Clínica ALDER de Madrid y miembro del comité de redacción de lacasadelaergico.com. En su opinión, "la gente llama alergia al sol a manifestaciones leves de erupción polimorfa solar o a procesos que se producen en la piel simplemente por irritación, producida por una exposición al sol brusca e intensa". Siendo estrictos, señala, "la auténtica alergia al sol incluiría el eccema fotolumínico, es decir, el eccema producido por el sol al incidir sobre sustancias tópicas previamente aplicadas y la urticaria solar donde se ha postulado un mecanismo IgE mediado".

Reacciones ante la acción solar

Dentro de las posibles respuestas alérgicas que puede ofrecer nuestro organismo ante las exposiciones solares, figura la urticaria solar, que se produce después de tomar el sol y provoca ronchas sobre la piel, un intenso prurito y, en los casos más graves, mareos, ahogo, cefaleas y síncope. La urticaria solar es bastante infrecuente ya que, de hecho, se da en menos de un 2% de los sujetos expuestos al sol. No existe ningún grupo o colectivo con una especial tendencia a este tipo de alergia y no es hereditaria.

Otra forma de alergia al sol es la denominada fotosensibilización o reacción fotoalérgica, que se establece cuando hay alguna sustancia, habitualmente tópica (medicamentos, desodorantes, cremas para el sol,...) que al asociarse a la exposición solar sensibiliza la piel generando una reacción que se manifiesta habitualmente en forma de eccema (desde un simple eritema a la aparición de vesículas, ampollas o descamación de la piel).

Estas reacciones hay que distinguirlas de las producidas por fototoxicidad, en las cuales una sustancia que se aplica sobre la piel o se ingiere se hace tóxica para la piel al exponerse al sol. En este caso, se produciría una reacción similar a una quemadura (o pigmentación en algunos casos). Dado que no es una alergia en sí misma, no se repetiría en una posterior exposición al sol con el empleo de la misma sustancia.

Por otra parte, existe una entidad muy frecuente (puede afectar hasta al 10 % de la población) llamada erupción polimorfa lumínica, que es de origen desconocido. Se caracteriza por lesiones en las zonas expuestas que aparecen en primavera con el primer rayo de sol y que pueden permanecer entre una y cuatro semanas. Aunque es un proceso dermatológico molesto, no es grave y puede prevenirse con filtros solares de protección total. En ocasiones es necesario un estudio más detallado por parte del especialista y su control puede exigir medicación oral.

En definitiva, el sol produce en nuestra piel una serie de lesiones diferentes que pueden clasificarse en tres grupos: Lesiones irritativas (eritema solar o quemadura y fototoxicidad), lesiones alérgicas (urticaria solar y fotoalergia ) y lesiones de origen desconocido (erupción polimorfa luminica).

Diagnóstico y tratamiento de la alergia al sol

En primer lugar, las urticarias solares se diagnostican exponiendo al paciente al sol o a una lámpara de rayos ultravioletas con la adecuada longitud de onda. Por su parte, la fotosensibilización se diagnostica mediante el denominado "foto-parche", que consiste en la aplicación del medicamento o sustancia sensibilizante en pequeños parches colocados sobre la piel, haciendo incidir sobre esa zona la luz solar o la lámpara de rayos ultravioletas.

El tratamiento, en el caso de la fotosensibilización es evidente, ya que con eliminar la sustancia fotosensibilizadora se acabaría con la reacción alérgica. La solución para la urticaria solar pasaría, lógicamente, por evitar la exposición al sol. Sin embargo, señala la Presidenta de la SEAIC "en algunos casos se han conseguido desensibilizaciones o "acostumbramientos" de la piel, a base de someter al paciente a exposiciones breves durante el invierno con una lámpara solar". A esto añade la Dra. Herrera que los tratamientos posibles son sintomáticos y advierte que "ante una fotodermatosis es necesario utilizar protección o pantalla solar total, con filtros físicos, y evitar la exposición solar directa".

En el tratamiento de este tipo de patologías trabajan conjuntamente dermatólogos y alergólogos, porque ambos campos están superpuestos en estos casos y, de hecho, afirma Consuelo Martínez Cócera, "tanto un dermatólogo como un alergólogo pueden tratar cualquiera de los cuadros y hacer un diagnóstico etiológico". En este punto coincide con Marta Herrera, que confirma el dato y añade que, efectivamente, "alergólogos y dermatólogos trabajan conjuntamente y el estudio etiológico es común".

Finalmente, la Dra. Martínez Cócera señala, en relación con el sol, una cuestión que considera muy importante y que a veces se descuida. Afirma que, en ocasiones, los cuadros de fotodermatosis (lesiones cutáneas asociadas a la exposición al sol) pueden ser la expresión de otra enfermedad que en algunos casos puede ser maligna. Por ello, advierte, "siempre hay que hacer un diagnóstico diferencial y buscar la posible existencia de otras patologías que cursan con lesiones similares a la de los cuadros descritos, como puede ser el lupus eritematoso, o un síndrome paraneoplásico por un cuadro canceroso inadvertido".






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